dimecres, 18 d’agost de 2010

Obesidad

¡Ya hay más obesos y obesas en este planeta que gente que muere de hambre!

Este dato, que no es leído en ningún periódico de pacotilla al uso cochambroso del “Caso”, es rigurosamente cierto….. Una pillina primera lectura podría asomar risueñamente a nuestro intelecto que, de ser así, la lucha del “benefactor” occidente comienza a dar sus frutos: nada más lejos de la realidad, ya que el creciente número de personas obesas en nuestra vanagloriada civilización occidental se ha convertido ya en el segundo motivo de mortandad después del cáncer y en una jugosa “epidemia” para el negociazo de las farmacéuticas, las “corporaciones deformaestéticas” y los gurús de tres al cuarto de todo género.

Este dato, así como otros que aquí expongo, está extraído del ejemplar de la primavera de este año de la revista “The ecologista” editada en castellano la cual, de tirada trimestral, se traduce en monográficos que abordan todos aquellos temas de interés desde una perspectiva absolutamente obviada por los canales de información mediáticos. El de este trimestre tampoco es moco de pavo: versa sobre la propia salud y su autogestión al margen de los paradigmas que nos impone la medicina convencional tras la cual se hallan en contínuo “frotarse de manos” las empresas farmacéuticas y allegadas.

Pero centrémonos en nuestro tema: sobre la obesidad, encontramos en este número aparte de la referencia a los deplorables hábitos a los que la “comodidad moderna” nos empuja ( falta de ejercicio, mala alimentación, estrés, etc….) la novedad es que se apunta con cifras, datos y rigurosos estudios científicos a que otra de las causas (no menos importante) del aumento exponencial del sobrepeso en nuestros días es el grado sumo de intoxicación por agroquímicos y otros productos de síntesis química que sufrimos, sustancias que encontramos contínuamente en nuestra cotidianeidad en cosas que juzgamos tan inocuas como un biberón o una lata de comida…. O a lo mejor en las propias cápsulas de aceite de pescado azul que tomamos con la ilusión de que estamos bajando el colesterol……. Sí, también en un queso cualquiera, en la chuleta de cerdo e, incluso, en ese estupendo jamón curado. Jamás sospecharíamos que productos aplicados en los muebles para protegernos de un fortuito incendio puedan estar envenenándonos lentamente, o esa estupenda botella de agua ( ¡¿mineral?! En muchas ocasiones es dudoso) que bebemos con el convencimiento de que nos libera de las toxinas esté introduciendo en nuestro cuerpo sustancias cuya consecuencia es un desajuste en nuestro delicado equilibrio hormonal…. Sustancias todas ellas que, por cierto, el agua no ayuda a eliminar en absoluto puesto que son liposolubles y se almacenan en las grasas.

Me enrollo como una persiana. Retomando el hilo, la idea, muy resumida en estas líneas, planteada en los artículos sin desperdicio de esta publicación, es que la obesidad puede ser también una respuesta de autodefensa del organismo ante estos tóxicos que también son cancerígenos: el cuerpo genera células adiposas y grasa para almacenar de manera aislada estas sustancias respecto al resto del organismo y evitar daños mayores: mientras la persona permanece obesa no pasan al torrente sanguíneo ni a los órganos vitales. Por otro lado, se advierte también que muchas de estas sustancias actúan como disruptores hormonales, esto es, su molécula es muy similar a hormonas que intervienen, entre otras cosas en el metabolismo de las grasas y las resistencias a la insulina (las personas con sobrepeso tienen un riesgo mucho más alto de desarrollar diabetes tipo II). Así pues, entre la comida basura (no sólo Mac Donalds, todo lo precocinado y de factura industrial en general), el sedentarismo con Cristo-Televisión y sus apóstoles Santa Consola y San Wi-fi ( menuda ironía) entre otros y toda la porquería que nos meten via bucal, respiratoria y cutánea, estamos apañad@s.........

La propuesta que nos llega desde “The Ecologist” es iniciar una vida un poco menos sedentaria, pero sobre todo lanzarnos a una dieta más vegetariana ( los productos cárnicos y lácteos, al provenir de estratos más altos de la cadena alimentaria acumulan más toxinas) y de producción ecológica, ya que nos garantizan estar libres de agroquímicos……… No me digáis que es caro, cuando una persona con obesidad se gasta una media de 60 euros mensuales en productos y dietas “milagro” que sólo consiguen enfermarla más: yo me gasto 10 euros menos y tengo verdura biodinámica de sobra para todo el mes. Muchas veces no es gastar más sino reconducir lo que gastamos a consumos más saludables para nosotros y el planeta.

En fin, aquí he expuesto de manera superescueta el contenido de una revista que no tiene desperdicio. Si os animáis a investigar más, confirmar lo que digo o desmentirlo, os animo a leer el ejemplar de marzo-abril-mayo del 2010 de la citada publicación (la suelen tener en las bibliotecas de la Diputació). También podéis consultar su página web /www.theecologist.net. Espero que esta información os haya sido de utilidad.

Salud.

Lobelia