dilluns, 8 de febrer de 2010

El árbol casto



San Juan de la Peña, lugar donde anida la fantasía y donde pueden florecer las historias más fantásticas, entre leyenda y lo que en realidad sucedió nace esta historia.

Esto ocurrió en el Monasterio de San Juan de la Peña (lugar de especial significado para el catolicismo y para el reino de Aragón), donde el entonces abad Juan de Marqués, recibió una comanda del entonces Papa Benedicto XIII (Papa Luna), por la cual le instaba a que pusiera orden entre los monjes de su comunidad, puesto que a sus oídos habían llegado los muchos desmanes que en dicho Monasterio se estaban produciendo. Incluso la misiva Papal obligaba a que todos los monjes utilizaran el hábito, especialmente cuando tuvieran que salir del monasterio, así como de dar ejemplo de vida humilde, casta y dedica por completo a Dios.

Las situaciones que llevaron a una cierta relajación moral en la vida de los monjes, estaba muy marcada por la bonanza económica que gozaba en aquellos tiempos el Monasterio y la vecina Comunidad de Santa María, de monjas benedictinas, situada en Santa Cruz de la Serós (que en realidad debía de haber quedado como Santa Cruz de las "Sores"), sito a menos de una hora de camino uno del otro. Ya fuere por la proximidad geográfica o por el mayor rigor de los inviernos, el caso es que todo ello daba lugar a que unos y otras, colgaran con demasiada frecuencia el voto de castidad en los brazos del madero de la Santa Cruz.

El abad Juan de Marqués, consternado por la reprimenda Papal y por las dificultades que encontraba por reconducir la situación dentro de su propia Comunidad, buscó la ayuda de su amigo Pedro Arnaldo, que también ejerció las funciones de abad y que por su avanzada edad, ahora se dedicaba al estudio de la botánica y a la dirección del huerto del Monasterio de San Millán. Fue este monje quien le dio la solución, para al menos resolver el problema de la promiscuidad.

Existía un árbol en el convento de San Millán, denominado "Vitex agnus - castus", (agnus es una latinización del griego agnós, que significa casto y lo de castus, no es mas que una reiteración del nombre que le precede). Esta denominación se la dio Discórides, porque las matronas que guardaban la castidad en los sacrificios a Ceres, se acostaban sobre sus hojas, ya que a ellas se le atribuían la capacidad de calmar los deseos sexuales. Pedro Arnaldo había comprobado que una adecuada infusión con flores y hojas de dicho árbol, frenaba considerablemente los deseos de los novicios. Como si hubiera visto al mismo Dios, el abad Juan había encontrado por fin la solución a sus problemas, así que provisto con un buen fardo de hojas y flores secas del fabuloso árbol, volvió al monasterio.

Estableció el abad Juan, la obligación de tomar una infusión a todos monjes, con la excusa de que la pócima en cuestión, era un eficaz remedio para evitar infecciones intestinales además de ser un purificador de la sangre. Los monjes no debieron poner mayor problema a tal determinación y se constituyó como una placentera manera de terminar las comidas.

Los resultados no tardaron en hacerse notar. Los monjes y novicios más jóvenes encontraron un mayor sosiego en sus necesidades carnales, lo que unido a las constantes prédicas del abad Juan sobre la virtud de la castidad y su proximidad a la santificación, consiguió parar los desmanes.

El gozo que sentía por haber conseguido lo que de otra forma (excepto por un milagro) hubiera sido imposible, hacía que rezara todos los días a Dios dándole las gracias por la inmensidad de su Obra, puesto que había pensado incluso en que situaciones como las sucedidas en su monasterio, habían sido previstas por su Dios a la hora de hacer el mundo, creando aquel magnífico árbol.

Pero poco duró la alegría de este hombre, puesto que se produjo un hecho que hasta entonces nadie hubiera podido imaginar: Si bien los jóvenes habían reprimido sus deseos, no estaba pasando lo mismo con los monjes más entrados en años y cuarentones , quienes si hasta la fecha ya habían interiorizado perfectamente su voto de castidad, ahora empezaban a sentir unas excepcionales ganas de satisfacer sus necesidades sexuales.

No sabía el pobre abad Juan, ni su consejero Pedro Arnaldo, que aquel árbol, el Vitex agnus-castus, ejercía como potente anti-afrodisiaco cuando los niveles de testosterona en el el cuerpo son elevados, pero actúa de forma contraria cuando estos niveles son mas bajos. Pero claro, vete tú a explicarles en aquellos tiempos qué es la testosterona.